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Qué se pierde en las traducciones de la Biblia: ejemplos del hebreo original

Gastón y Oxana

Ilustración de dos libros antiguos abiertos unidos por hilos dorados, algunos se deshacen en partículas, con una rama de almendro en flor, un montículo de tierra y una ráfaga de viento

Una traducción puede ser fiel a cada palabra y aun así perder el chiste, la rima o el eco que el autor dejó escondido. Si alguna vez te preguntaste qué se pierde en las traducciones de la Biblia, la respuesta más concreta está en el propio hebreo: raíces que se repiten, nombres que cuentan una historia y palabras que pueden tener varios sentidos según el contexto.

Una buena traducción transmite mucho, pero el hebreo bíblico también construye sentido con el sonido y con sus raíces, en su mayoría de tres letras. Esos matices no siempre pasan al otro idioma. Vamos a verlo con algunos ejemplos que puedes comprobar tú mismo.

Qué se pierde en las traducciones de la Biblia: los juegos de palabras

Adam y adamá

En Génesis 2:7, Dios forma al ser humano del polvo de la tierra. En hebreo, la frase dice que forma a ha-adam (el ser humano) con polvo de la adamá (la tierra). Las dos palabras comparten la raíz א-ד-ם (álef, dálet, mem).

En español leemos "hombre" y "tierra", dos palabras sin ninguna relación. En hebreo, el nombre del primer ser humano ya te dice de qué está hecho: algo así como "el terroso", sacado de la tierra.

Ish e ishá

Unos versículos más adelante, en Génesis 2:23, aparece otro juego: "esta será llamada ishá (mujer), porque del ish (varón) fue tomada". En hebreo, la explicación tiene sentido inmediato porque las dos palabras suenan casi iguales.

Algunas traducciones al español intentaron salvarlo con "varona, porque del varón fue tomada". Es un esfuerzo ingenioso, pero "varona" no es una palabra que uses a diario, y el efecto natural del original se diluye.

Nombres que cuentan una historia

En la Biblia hebrea, muchos nombres propios son frases con significado, y el relato juega con ellos una y otra vez.

  • Yitzjak (Isaac): viene de la raíz צ-ח-ק, "reír". Su nombre significa "reirá". Abraham se ríe al recibir la promesa (Génesis 17:17), Sara se ríe al escucharla (Génesis 18:12) y, cuando nace el niño, Sara dice: "Dios me ha hecho reír" (Génesis 21:6). En español, "Isaac" no suena a risa. En hebreo, cada escena hace eco de su nombre.
  • Yaakov (Jacob): nace agarrado del ekev (talón) de su hermano Esav (Génesis 25:26). Años después, Esav se queja de que Yaakov lo ha "suplantado" dos veces, y el verbo que usa, vayakveni, sale de la misma raíz. El nombre, el gesto del parto y la acusación forman un solo hilo.
  • Hével (Abel): su nombre significa "soplo" o "vapor", algo que dura poco. Es la misma palabra que aparece al comienzo del libro de Eclesiastés: havel havalim, que solemos leer como "vanidad de vanidades". Un hermano que muere joven lleva por nombre la idea de lo pasajero.

Palabras que significan más de una cosa

Hay términos hebreos que obligan al traductor a elegir, y cualquier elección deja algo afuera.

  • Rúaj: puede significar viento, aliento o espíritu, según el contexto. En Génesis 1:2, la rúaj Elohim se mueve sobre las aguas. Unas versiones dicen "el Espíritu de Dios", otras "un viento de Dios". Al leer el hebreo, puedes reconocer esa cercanía entre ambos sentidos.
  • Jésed: se traduce como misericordia, bondad, amor leal o fidelidad, según la versión. Según el contexto, puede expresar una bondad ligada al compromiso y a la lealtad, un matiz que no siempre cabe en una sola palabra española.
  • Shalom: lo conoces como "paz", pero su raíz ש-ל-ם está ligada a lo completo, lo entero. De la misma raíz sale leshalem (pagar), es decir, saldar lo que faltaba. Cuando un texto bíblico desea shalom, desea algo más amplio que la ausencia de guerra.

Los profetas también juegan con el sonido

Los juegos de palabras no son exclusivos de Génesis. Los profetas los usan para que el mensaje se quede grabado.

En Isaías 5:7, Dios esperaba mishpat (justicia) y encontró mispaj (violencia); esperaba tzedaká (rectitud) y encontró tzeaká (un grito de dolor). En hebreo, cada par suena casi idéntico, como si la injusticia fuera una versión deformada de la justicia. En español, el contraste se entiende, pero el golpe sonoro desaparece.

En Jeremías 1:11-12, el profeta ve una rama de shaked (almendro), y Dios le responde que Él está shoked (velando) sobre su palabra para cumplirla. El almendro, uno de los primeros árboles en florecer al final del invierno, lleva un nombre relacionado con la idea de velar o estar atento. Sin conocer las dos palabras, la visión parece un detalle botánico sin explicación.

Por qué vale la pena leer el original

Ninguno de estos ejemplos cambia la historia que cuenta el texto. Lo que cambia es la experiencia de leerlo: la risa escondida en el nombre de Yitzjak, la tierra dentro de la palabra adam, el viento que también es espíritu. Si quieres ver cómo funciona esto desde la primera línea, puedes seguir con nuestro análisis de cómo leer Génesis en hebreo original.

Aprender hebreo bíblico no reemplaza a las traducciones. Te permite escuchar lo que ellas, por más cuidadosas que sean, no pueden llevar al español.

Si quieres leer estos textos con tus propios ojos y no sabes por dónde empezar, agenda una asesoría gratuita con Academia de Hebreo y armamos juntos tu camino.