Los números en hebreo: cómo contar del 1 al 20 (y más)
Gastón y Oxana

Pides tres cafés en una panadería de Tel Aviv, dices el número que aprendiste el primer día y el vendedor te repite otro parecido, pero distinto. No te equivocaste de número: te equivocaste de género. Los números en hebreo tienen dos formas, una masculina y una femenina, y elegir mal es el tropiezo más común de quien recién empieza.
La buena noticia es que la regla que decide cuál usar cabe en dos líneas.
Del 0 al 10, en sus dos formas
La primera forma es la femenina, la segunda la masculina:
- 0: éfes / éfes
- 1: ajat / ejad
- 2: shtáyim / shnáyim
- 3: shalosh / shloshá
- 4: arba / arbaá
- 5: jamesh / jamishá
- 6: shesh / shishá
- 7: sheva / shivá
- 8: shmoné / shmoná
- 9: tesha / tishá
- 10: éser / asará
Fíjate en el patrón: del 3 al 10, la forma masculina es la femenina con una -á pegada al final. Shalosh se vuelve shloshá, shesh se vuelve shishá. No son dos listas para memorizar, es una lista con una terminación.
Por qué los números en hebreo cambian de género
Aquí está la parte que casi nunca se explica bien. En hebreo, la forma femenina es la forma básica del número, y la masculina es la que agrega algo encima. Por eso el femenino es el que se usa cuando cuentas al aire, sin objeto: ajat, shtáyim, shalosh... Lo mismo pasa al dictar un teléfono, al decir el número de un autobús o al dar la hora.
Cuando el número acompaña a un sustantivo, cambia la lógica: concuerda con el género de esa palabra.
- shloshá sfarim (tres libros), porque séfer (libro) es masculino
- shalosh mejoniyot (tres autos), porque mejonit (auto) es femenino
Y hay dos rarezas que conviene aprender de una vez:
- El 1 va después del sustantivo, al revés que todos los demás: séfer ejad (un libro), mejonit ajat (un auto).
- El 2, cuando acompaña a un sustantivo, se acorta: shtáyim y shnáyim se vuelven shtey y shney. Dos libros es shney sfarim, nunca shnáyim sfarim.
Del 11 al 20
Del 11 al 19 el hebreo hace algo parecido al español con "dieciséis": pega la unidad a una terminación de decena. En femenino esa terminación es -esré, en masculino es -asar.
- 11: ajat-esré
- 12: shtem-esré
- 13: shlosh-esré
- 14: arba-esré
- 15: jamesh-esré
- 16: shesh-esré
- 17: shva-esré
- 18: shmoné-esré
- 19: tsha-esré
En la calle vas a escuchar casi siempre estas formas femeninas, incluso acompañando sustantivos masculinos. Del 11 en adelante, el hebreo hablado deja caer la distinción. Si estás empezando, aprende primero esta columna y no te preocupes por la otra.
El 20 rompe con todo: esrim, igual para masculino y para femenino.
Las decenas y los números compuestos
A partir del 20 se termina el problema del género. Las decenas son únicas:
- 20: esrim
- 30: shloshim
- 40: arbaim
- 50: jamishim
- 60: shishim
- 70: shivim
- 80: shmonim
- 90: tishim
- 100: meá
Para todo lo que queda en el medio, el orden es decena, "y", unidad. Esa "y" es el prefijo ve-, que a veces suena u-:
- 55: jamishim ve'jamesh
- 78: shivim u'shmoné
- 24 autobuses: esrim ve'arbaá otobusim
- 24 autos: esrim ve'arba mejoniyot
La unidad final sigue concordando con el sustantivo, aunque la decena ya no lo haga.
Cómo practicar los números en hebreo sin memorizar listas
Recitar las dos columnas de corrido funciona el primer día y se borra el tercero. Lo que fija los números en hebreo es usarlos donde ya hay una cifra esperándote:
- Di en voz alta tu número de teléfono, en femenino, una vez por día.
- Lee la hora en hebreo cada vez que mires el reloj: shalosh y media, shmoné y cuarto.
- Cuenta objetos reales de tu casa obligando al número a concordar: shney sfarim, shalosh mejoniyot.
- Anota los precios del supermercado y dilos en hebreo antes de pagar.
Hay un detalle más: en hebreo las letras también funcionan como números. Álef vale 1, yod vale 10, y por eso la palabra jai (vida) suma 18, la cifra que aparece en tantos regalos y donaciones. Ese lado del alfabeto lo desarrollamos en 7 curiosidades del alfabeto hebreo.
Contar es lo primero del hebreo que te devuelve algo utilizable el mismo día: un precio, una dirección, un horario acordado. El día que entiendas de una la cifra que te dice el taxista, sin traducirla mentalmente al español, el idioma dejó de ser una materia de estudio y pasó a ser una herramienta.
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